
Esta cita de Reshma Saujani contiene un mensaje especialmente potente. A menudo olvidamos que, para construir una sociedad sin brechas, no basta con fomentar vocaciones. Es necesario cambiar la forma en la que enseñamos y concebimos la tecnología desde la infancia. La manera en la que presentamos este sector condiciona directamente quién siente que tiene un lugar en él y quién no.
Un sector históricamente masculinizado
Durante décadas, el sector tecnológico ha estado predominado por el género masculino. Los oficios relacionados con la ciencia, la ingeniería o la tecnología parecían quedar fuera del alcance de las mujeres, no por falta de capacidad, sino por la ausencia de oportunidades, referentes y narrativas inclusivas. Esta percepción ha calado profundamente
en el imaginario colectivo y todavía hoy, sigue influyendo en muchas decisiones a nivel formativo y profesional. La falta de diversidad no es un problema de talento, sino de acceso y representación.
Mujeres pioneras que abrieron camino

En 1815 Ada Lovelace comenzó a romper, sin saberlo, muchas de estas barreras al diseñar el primer algoritmo destinado a ser ejecutado por una máquina. Tras ella, otras mujeres siguieron dejando huella en la historia de la tecnología: Grace Hopper, inventora del compilador; Ida Rhodes, arquitecta de algunos de los primeros sistemas de programación del gobierno de Estados Unidos; o, más recientemente, Katie Bouman, quien en 2019 lideró el desarrollo del algoritmo que permitió obtener la primera imagen de un agujero negro.
A pesar de ser pioneras y precursoras, sus nombres no suelen resultar familiares para la mayoría de las personas. En cambio, figuras como Alan Turing, Bill Gates o Steve Jobs resuenan con mucha más frecuencia. Esta reflexión no pretende restar mérito a ninguno de ellos, sino poner de manifiesto una realidad: la escasa representación cultural que históricamente han tenido las mujeres en el relato tecnológico.
Cuando no hay referentes, no hay espejo
En el entorno educativo, estas figuras femeninas apenas se mencionan. Como consecuencia, muchas niñas crecen sin modelos en los que verse reflejadas dentro del sector tecnológico. Y cuando uno no se ve representado, es más difícil imaginarse formando parte de ese mundo.
Según datos de la Comisión Europea, actualmente solo el 33 % de las personas que se gradúan en áreas STEM son mujeres, y en el ámbito de las TIC este porcentaje desciende hasta el 20%. Aunque estas cifras han mejorado con el paso de los años, todavía evidencian una brecha importante. No se trata solo de números, sino de todo lo que hay detrás de ellos: el acceso, la confianza y la percepción de pertenencia.
La tecnología es mucho más que programar
Uno de los grandes retos en este sector, sigue siendo romper con la idea de que la tecnología equivale a la programación. El sector está formado por una gran diversidad de roles igualmente esenciales: diseño de producto, investigación de usuarios, análisis de datos, liderazgo de proyectos, estrategia, experiencia de cliente o diseño de sistemas, entre muchos otros.
La tecnología no se construye solo con código, se construye entendiendo a las personas. La realidad es que los productos digitales son usados por un amplio abanico de personas, todas ellas con necesidades muy distintas. Cuando los equipos son homogéneos, las soluciones también lo son. Por el contrario, cuando existen miradas diversas, los resultados son más completos, humanos e inclusivos.
Un cambio en la narrativa
Perder el miedo al sector tecnológico es un paso clave para seguir avanzando. Y ese miedo solo se supera a través del conocimiento, la visibilidad y la normalización de la diversidad dentro del propio sector. Es fundamental que mujeres y niñas entiendan que la tecnologíano es un espacio reservado a unos pocos, sino un ámbito en el que todas las personas pueden aportar valor desde diferentes perspectivas. El futuro necesita equipos diversos con distintos roles que fomenten una cultura en la que todas las personas sientan que puedan aportar su granito de arena y formar parte del cambio. Porque solo así conseguiremos seguir avanzando y diseñando soluciones que reflejen realmente las necesidades de nuestra sociedad.



